“Ocho pintxos vascos y 241 escalones”. Visita Express a Bilbao.

Con solo un día para disfrutar de Bilbao, conseguimos enamorarnos de su gastronomía y de sus bonitos paisajes. Os contaremos qué vimos y sobre todo qué comimos, aunque seguramente haya mejores lugares donde probar sus pintxos y miles de rincones con encanto que no visitamos, pero en este viaje nos dejamos llevar por nuestro instinto y este fue el resultado…

Teníamos en la cabeza, y en el estomago, rondado la palabra pintxo por todas partes, de sobra es sabido que Bilbao es famoso por ellos, así que nos fuimos de cabeza al casco antiguo que nos pillaba cerquita del hotel.

Irrintzi

Caminando entre sus calles nos encontramos de cara el “Irrintzi” (C/ Santa Maria 8), un gran local con una larga barra llena de distintas y variadas pequeñas obras de arte comestibles.

Tras pedir la bebida nos explicaron la dinámica que debíamos de seguir; “tú coges los pinchos que quieras, luego los cuentas y los pagas” y así de confiada nos lo explicó la camarera al vernos un poco perdidos. Nos extrañó que se fiaran de los clientes, por que te puedes comer 15 y pagar 6… pero nos alegra que sea así, ya que significa que la gente es legal, aunque habrá de todo…

Nuestros dos primeros pintxos bilbaínos fueron elección de la camarera ya que le dijimos que nos sorprendiera, y así fue, calamar rebozado relleno de morcilla y pez espada con langostino y ali oli, qué ricos! Seguidamente, y mirando con atención los cartelitos que describían cada elaboración, nos lanzamos a por la Irrintzi Burguer y el Carpaccio de puerro con pulpo y jamón, todos ellos acompañados por una cervecita bien fría que nunca puede faltar… Estos cuatro pintxos fueron nuestro recibimiento para seguir nuestro camino con las tripitas un poco más contentas.

Muy cerca de allí, en la Plaza Nueva 4, un pequeño local llamado “Zuga” nos estaba esperando; su luz tenue iluminaba una importante colección de pintxos IMPRESIONANTES, formaban una decoración preciosa y solo te daban ganas de hincarle el diente a cada uno de ellos.

Entre tanta variedad y no con mucho presupuesto en los bolsillos, nos decidimos por uno de Magret de pato y espinaca con ají blanco y un sushi azul de gulas y anchoas, sí sí, azul… daba pena pegarle un bokado de lo bonito que era pero eso sí, un poco grande para comerlo de una vez como es típico en la cocina japonesa.

Sin darnos cuenta nuestros dedos ya estaban señalando una lonchita de jamón serrano durmiendo en un colchón de tomate y pimiento rojo picado y unas croquetas de setas. Los camareros, muy majetes ellos, estaban más atentos, que en el anterior local, de nuestras elecciones ya que alguno de los pintxos debían servirse calientes, aunque no fue nuestro caso.

Se respiraba un ambiente muy agradable con buena música Rock y unos pintxos de 10!  “Zuga” nos encantó y será visita obligada la próxima vez que pisemos tierras Vizkaínas.

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Por último, y con la hora pegada al culo, porque queríamos visitar la Ermita de Gaztelugatxe en Bermeo, entramos justo en el local de al lado del “Zuga” para rematar con una tapa de queso de cabra con cebolla caramelizada y un pepinillo encurtido con atún y reducción de módena …unas elaboraciones simples pero para salir del paso… estaban bien.

Con el estomago lleno nos dirigimos hacia Bermeo, a unos 35 km de Bilbao, donde se encuentra la Ermita de Gaztelugatxe, construída sobre un islote al cual se puede acceder por un puente de piedra, la verdad que la vista desde lejos impresiona de lo verdaderamente bonito que es.

Hay una zona habilitada para poder dejar el coche y siguiendo unas indicaciones se llega al camino de bajada al puente, este camino es de tierra y con pendiente así que conviene ir con un calzado adecuado, nada de tacones como la Barbie Montañera que nos cruzamos…

241 escalones son los que escalan el islote, pero estábamos bien alimentados para afrontarlos, además, conseguimos llegar a la cima con los pies limpios de callos y durezas, ya que se encuentran sobre los escalones huellas talladas de San Juan, que según dicen, si metes lo pies en ellas te los curan de esos problemas 🙂 .

Una vez en la cima, las vistas eran indescriptibles, el mar nos traía el aire que nos habían robado los escalones y el sonido de las olas al romper contra la roca nos relajó más que el mejor de los masajes, qué gustazo!!!!

La ermita es pequeña, de su campanario cuelga una cuerda para tocar la campana tres veces, como es tradición mientras pides un deseo, pero niños maleducados se colgaban de ella y no pudimos acercarnos, así que nos quedamos sin deseo… pero no somos avariciosos por lo que preferimos empaparnos de todo el paisaje que se veía desde el pequeño mirador.

Anochecía y se acercaba la hora de volver a los Madriles, si no fuera por el trabajo nos hubiéramos quedado allí hasta que nuestros estómagos y nuestro ojos hubieran reventado de cosas bonitas, pero antes de poner rumbo a casa paramos a cenar en un restaurante en Bilbao, pero vais a tener que esperar a la semana que viene para conocerlo. 🙂

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cris dice:

    Tendremos que ir a probar el Zuga! Solo los colores de las fotos dan hambre!!!!!

    1. boka2blog dice:

      El Zuga y todos los sitios que podáis! Ninguno os defraudará 🙂

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